9.10.06

Hace mucho, mucho tiempo...

A lo mejor alguien espera a continuación eso de "...en una galaxia muy, muy lejana...", pero los tiros no van por ahí, aunque Obi Wan Kenobi sea un profesor de los que tomar buena nota. Con este título me refiero a aquellos profesores que nos tuvieron que "soportar" cuando éramos peques. ¿Quién no se acuerda de sus profesores de párvulos o de EGB? Seguro que más de uno ha dejado huella. En mi caso, en cambio, con mi birria de memoria, he de confesar que guardo muy pocos recuerdos, ni buenos, ni malos, simplemente pocos. Es más, a veces me asusto pensando que lo que recuerdo de entonces son las cosas más extrañas.

Por ejemplo, por orden cronológico: en primero de párvulos, la profesora Begoña “la grande” (es obvio que el punto de vista en aquellos tiempos estaba muchos centímetros por debajo del actual) dibujaba de maravilla. Con un rotulador negro y en un par de trazos, sin levantar la punta del papel, dejaba estampado en el folio cualquier animal. Sabedora de su don, dichas “obras de arte” las entregaba como premio al ganador del juego que proponía cada día al final de la clase y para el cual nos aplicábamos más que en cualquier otra actividad. Sólo recuerdo dos de esos juegos: el primero consistía en trasladar una silla de una punta a otra de la clase sin hacer el más mínimo ruido, con este extraño entretenimiento nos tuvo en completo silencio durante media hora llevando un taburete de un lado a otro del aula. Ahora mismo esa inventiva de Begoña la achacaría a una migraña o quizás a una mala resaca, igual “la grande” no era tan trigo limpio como parecía. El otro juego consistió en ver quien era el más rápido poniendo y quitando el mandilón, dichosos botones, ¡¡¡arriba el velcro!!! Esto me recuerda a una amiga que era conocedora y usuaria de ese gran invento y emulaba al mismísimo superman en la cabina en cuanto sonaba el timbre (¡Foquiño qué tiempos!)...

De esa época no recordaría más cosas sino fuese gracias a Fátima, profesora de segundo de párvulos que escribía cartas para informar a los padres de la evolución de los nenes. Y por supuesto a mi madre y su afán por guardar todo aquello relacionado con nuestra infancia, lástima que no conservase esa habilidad años después, seguro que vicisitud y sordidez todavía extraña los TBO y los DDT entre otras cosas… En esa carta descubrí cuales habían sido mis primeros pasos en las matemáticas...

A los 6 años recibí el cariñoso apelativo de “bla bla bla” por parte de María Eugenia y de paso varios viajes al pasillo, cortesía de la misma por razones obvias… De los 7 años recuerdo a un señor que, estando de visita por el colegio, nos confirmó que, no sólo el caballo blanco de Santiago era blanco, sino que el jueves santo y el viernes santo se celebraban en jueves y viernes respectivamente, todavía recuerdo su cara de estupor cuando nadie le respondió a esa pregunta... hoy en día aun me da vergüenza reconocerlo.

De los 8 años me vienen a la memoria Chicha y Lolita. La primera era la profesora de matemáticas. Nos daba canicas de caramelo cuando resolvíamos bien los problemas del cuadernillo Rubio. No puedo evitar pensar en ella cada vez que veo las canicas en los kioscos. Ahora me doy cuenta que mi vocación por las matemáticas nació del intercambio de sumas y restas por dulce!!! Lolita era la profesora de inglés. Nos dividía en dos equipos, tigres y leones, es gracioso, cuando pienso en las clases, muchas veces antes de que aparezca en mi memoria la imagen de una mujer alta, con arrugas marcadas y pelo cardado, me imagino a Torrebruno haciendo que memoricemos los colores en inglés. Mi cabeza me juega muy malas pasadas... Quizás cuando me dedique a contar batallitas a mis nietos les diré: "recuerdo al profesor de ingles que me enseñó los colores, era un señor bajito italiano que en sus ratos libres cantaba en la tele rodeado de animales"....

A los 9 cambié de colegio dejando allí un montón de recuerdos olvidados. Hace varios años, por razones varias, el colegio acabó cerrando y después de pasar un tiempo asaltado por los okupas, en estos momentos es un edificio vacío, sin ventanas, triste, abandonado, muy lejos de ser aquel lugar en el que aprendí a andar sigilosamente, a hacer la tarea con “lentitud aunque con unos resultados muy favorables”, a sumar a cambio de dulces y que el jueves santo, como no, cae en jueves.

8 comentarios:

Fátima la pequeña dijo...

Parece que lo de ser políticamente correcto es una moda actual, pero no: esa carta que ven es un buen ejemplo. La niña no era lenta: era desesperante. Las tareas individuales a las que me refería eran cosas como abrochar un botón (20min), lavarse la cara (25min) o hacer una línea recta (45min... y no era exactamente recta). En todo caso, tocotó cambió radicalmente cuando decidí amenazarla con lo de "niña, acaba de una vez, que si no te mando a Torrebruno". Ahí empezó verdaderamente su afición y su gusto por las matemáticas. Ni tigres ni leones ni dulces: los refuerzos positivos no valen para nada. Lo único que funciona es la amenaza. Y sí, tocotó, la memoria te juega malas pasadas.

La Marquesita dijo...

Lo que no tiene desperdicio es la letra de la profesora.¿No sería ella la que estaba en prescolar aprendiendo a hacer trazos con el cuaderno Rubio? o será que tu mala memoria no te deja recordar que ésta fue tu primera carta hablando de tu muñeca preferida...
En fin, que el hecho de informar a los padres acerca de las habilidades para abotonarse el mandilón siempre fue básico para una buena formación, si señor!!!

Anónimo dijo...

Tocotó, una pregunta, ¿sigues conservando ahora esa gran habilidad para quitarte, ponerte, abotonarte y desabotonarte esa prenda que usas a diario?(Me refiero al mandilón, por si alguien necesita aclaración!!)

mosca cojonera dijo...

para la nostalgia, recomendables una tienda de la calle Almirante que vende tambien por internet y una de tebeos (TBO, DDT,...) en la calle Magadalena, 30: Utopía.

Tocotó dijo...

Empezamos por el principio. Querida Fátima, como bien deja caer la Marquesita es muy probable que a estas alturas no hayas acabado secundaria y además creo que el chinchón mañanero te afecta a la memoria de manera colosal... Quizás no era la más rápida, pero la técnica estaba perfectamente dominada y hoy en día la gente se pasma ante tal rapidez desabrochando, quitando, poniendo y abrochando todo tipo de prendas... mandilón incluido, por supuesto...

Muy buena la sugerencia primo, habrá que echarle un vistazo a esa web.

yourbrodel dijo...

¡Qué ignorante vivía yo de la época parvularia! Desde luego, hojas como esa superan con creces a las monjitas de mi guardería, aunque sin superar las palizas ocasionales que me propiciara Sor Gaude.

Still, bello estilo literario: ese párrafo final captura bien la penilla que experimenté al ver al Colegio Estudio convertido en un nido yonkarra. Siempre piensa uno que, en el futuro se puede tener el día tonto y visitar esos sitios de la infancia con suma curiosidad: ya no.

De Chicha, lo de las vitaminas era lo mejor, pero recuerdo otro momento más glorioso: ¡¡¡SESIONES DE MAGIA!!!! Básicamente se trataba de coger a alguno "estudioso" de clase - normalmente me tocaba a mi - y lo metía en otro cuarto. Acto seguido, salía, y le hacía varias preguntas peregrinas sin lógica a las que, invariablemte, contestaba bien para total estupor de la clase. El truco era que, a la que me metía en otro cuarto, me daba una hoja con indicaciones para responder tipo "la palabra que diga después de "Blanco"" o "nueve". Cual David Copperfield, siempre le oculté el truco a mis compañeros. Después de todo, alguna pequeña victoria nos debemos permitir los frikis más radicales.

El cardado de Lolita, sobrenatural.

Y, del mandilón, he de decir que sólo recuerdo el desaforado odio que le tenías y cómo lo quemaste el la hoguera de San Juan. ¿Era por los traumas del desabotonamiento?

Anónimo dijo...

Mosca, ¡ha llegado usted hasta aquí! Lo que no sé si sabrá es que la firmante del artículo, Tocotó, es su prima, sí, la hermana de Vicisitud y Sordidez, o sea, mi cuñáaaaaaa. Y los demás diran: cuánta endogamia.

Foquiño dijo...

Aiss, ma emocionao ese recuerdo entrañable a mi mandilón de velcro...fui la envidia de mi clase (la única vez que lo consegui. En fin...)De aquella época sólo me queda decir una cosa: ¡vivan las niñas de la clase B! Siempre fuimos y seremos las mejores...